Cada tipo de rostro tiene sus propios rasgos distintivos, y los dientes deben armonizar con ellos. Por ejemplo, en las personas con rostro ovalado, los dientes de líneas más suaves y bordes redondeados crean una armonía natural, mientras que en las personas con rostro cuadrado se prefieren formas dentales más angulosas y pronunciadas. En los rostros alargados, los dientes más anchos son estéticamente ideales para lograr el equilibrio.