La pérdida de dientes puede afectar funciones básicas como comer, hablar y masticar. La falta de dientes puede dificultar la masticación de los alimentos y afectar la digestión. Esto afecta los hábitos alimentarios y puede provocar deficiencias de nutrientes. Además, la falta de dientes puede afectar el habla y reducir la confianza en uno mismo.