Al rechinar los dientes, los músculos mandibulares se sobrecargan constantemente. En particular, el agrandamiento del músculo masetero puede hacer que la parte inferior del rostro parezca más ancha y cuadrada. Esto puede alterar la simetría facial y hacer que la expresión facial parezca más severa.
El bruxismo prolongado también puede ejercer presión sobre la articulación temporomandibular, causando desplazamientos, asimetría y cambios en la apariencia de la mandíbula. Estos cambios pueden generar problemas no solo estéticos, sino también en la masticación y el habla.